6 mar. 2016

Silencio sobre silencio

· PETER LINDBERGH ·

«Somos polvo y nada.
Todo cuanto hacemos no es más que viento».

Qué dificultad sobreviene al gusanillo de escribir, a la picardía del confesar algo que intuimos con fuerza, que nos cosquillea en la punta de la lengua, en la flor del estómago, pestilente, ardiente ya en las paredes de la garganta, como una corriente fría sobre la campanilla, en un rumor mudo que se escapa, de apariencia sin vida, sin cuerpo o deforme, sin alma de ser. Pero siendo algo, siendo nosotros, se nos desliza entre los dientes sin poderlo apresar. Cerramos la boca con fuerza y celeridad, y callamos aguardando la respuesta, el pálpito, esa vida que solo nosotros creemos vida, creemos nuestra. Silencio sobre silencio. Revelación sobre qué cuestión. Demasiadas cuestiones para ser reveladas. Demasiadas revelaciones sin ser cuestionadas. Otra vez, de nuevo. La misma historia. Qué gracia tiene, qué duende baila y canta y juega con sus notas y sus rimas y sus atropellados puntos y aparte. Aparte de qué. Deja de saltar de un párrafo a otro, de correr entre líneas, de saltear versos sin hilo, e ir cosiendo puntas sin patrón ni medida ni (punto de) encuentro. Qué es de la brújula, del mapa, de las letras y palabras y espacios de la adivinanza. De la pregunta con trampa. Y trampa, qué trampa. No sabes nada. No sabes leer. No sabes pensar. No sabes cerrar los ojos. No sabes llorar. Dígame si, entonces, desde el principio nació muerta.

Sobreviene, se va y vuelve: silencio sobre silencio.

K.

A las cinco de la tarde del veintitrés de enero del dos mil dieciséis,

Salamanca.
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