14 feb. 2016

Uno

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Uno de mis grandes miedos es sentirme incomprendida, y que ello me remita a una soledad no deseada, al aislamiento, al miedo, al olvido. Por ello siempre intento satisfacer y conectar con todo el mundo, lo que a su vez ha causado que mi confianza y la seguridad en mí misma dependan casi exclusivamente de los demás, de sus palabras. Nunca he sabido definirme, y he dejado que otros lo hicieran por mí. Lo he ansiado incluso, porque sin su opinión me he sentido perdida

¿Y sabéis qué? No quiero seguir siendo esa persona que duda de todo lo que hace hasta que alguien le dice que lo ha hecho bien, esa persona que necesita la aprobación de otras para seguir sintiéndose a a gusto con sus propias decisiones, o que siempre estará esperando a que le animen a seguir con su vida. No. No quiero seguir siendo así. No quiero preguntarme qué hago bien o mal, sino si quiero o no hacerlo. No quiero esperar a que alguien me conozca para encajar su opinión sobre mí. No pretendo definirme ni encontrarme al final del camino. Simplemente perderme, construirme y descubrirme poco a poco, sin la necesidad de cuestionar cada paso que doy en el trayecto. Y esto no quiere decir que la opinión de otras personas no me afecte o no me importe, porque siempre lo hará en menor o mayor medida, pero que sus palabras no supongan más que otra interpretación de mi historia. 

Quiero que esa identidad que todos buscamos para sentirnos mejor no sea impuesta por quienes no nos conocen -no del todo-. Quiero que siga siendo un misterio, incertidumbre, incluso para nosotros mismos. Así nunca dejaremos de sorprendernos. 

Me he dado cuenta de que cambiar es posible, y de que yo necesito hacerlo un poco. Para sentirme a gusto, y para no conformarme con el típico son cosas mías. Quizá sea un gran miedo a superar, y que os inspire o ayude quizá uno de mis pequeños grandes sueños. Así que por qué no soñar un poco. 


Este es mi primer paso.

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