26 jul. 2015

Cambiar es posible


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Si me hubierais preguntado hace un tiempo si creía que las personas podían cambiar, os hubiera contestado con un rotundo «no se puede cambiar, porque la acción misma procede de una previa voluntad de cambiar lo que por naturaleza es, y por tanto va en contra de nosotros mismos blablabla». Seguramente te hubiera hablado de madurar y te hubiera puesto mil metáforas que, dándoles un par de vueltas, se hubieran quedado en nada.

Pero de aquel tiempo a éste y analizando detenidamente la cuestión, creo que la voluntad de cambiar es algo adherente a nuestra naturaleza y a nuestra capacidad de adaptación. Si bien creo que la esencia de una persona permanece, nuestra actitud frente a la realidad está en constante renovación. Nuestra visión del mundo está sometida a influencias externas que se van intercalando con el tiempo, y que van afectando a nuestra vida diaria, haciéndose participes indirectamente de nuestras decisiones. Nosotros cambiamos simplemente porque nada a nuestro alrededor permanece igual de manera indefinida, y tomar conciencia de ello nos hará preguntarnos si debemos seguir fieles a una filosofía que ya no nos funciona o, por el contrario, debemos trabajar un nuevo enfoque.

A veces el miedo a traicionarnos y a salir de nuestra zona de confort nos ancla en una situación de actividad muerta y nos impide avanzar. A veces cambiar de rumbo nos permite conocer nuevos y mejores vientos, y arribar a islas que no soñabais si quiera que existieran, pero que siempre han sido nuestro destino.

A veces cambiar es dar un paso atrás y elegir otra dirección para volver a disfrutar del camino.




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