26 may. 2014

CRISIS LECTORA + LECTURA RECOMENDADÍSIMA

Apuesto a que, como lectores voraces y consagrados que sois, habéis sufrido alguna vez una crisis lectora... ¿verdad? Esta crisis puede deberse a múltiples causas: unas altas expectativas echadas por tierra por un libro decepcionante, o por la consecutiva racha de decepciones literarias; aun tras leer un libro demasiado bueno por temor a que el siguiente —seguramente— no nos llene tanto; y el más habitual: la falta de tiempo libre, ya sea por trabajo, deberes, exámenes; entre otros, claro. Y las catastróficas consecuencias para nuestro «yo lector» son: libros a medias acumulados en la mesita de noche y/o escritorio, las listas interminables de lecturas deseadas, y la angustia que nos provoca nuestro feroz gusanillo por más y más y más libros; también entre otros. Que levante la mano el que —siendo un lector ávido habitual— no le haya pasado nunca... ¿Nadie? Ya me lo imaginaba.


Esta no es una entrada para recetar los posibles recursos que podáis usar para combatir esta terrible crisis. Es más, si hace uno o dos años me hubierais pedido consejo para salir de una crisis lectora os habría dicho algo como: «Tirad por vuestro género favorito, un escritor que ya conozcáis —y que os guste—, preferiblemente de pluma ágil y sobre todo, que sea una historia corta, ligera y entretenida, nada de tochacos».

Y, a día de hoy es el único consejo que se me ocurre, ¿qué aconsejáis vosotros? 

Pues bien, hace dos años o año y medio, entré en mi primera y mayor  crisis lectora ever. Leía un libro o dos por año —claro, sin contar los obligatorios—, unos siete u ocho abandonados a medias y unas dos filas de mi estantería de pendientes —más lo que tenía en mi lista de deseo—. Fue una temporada horrible, consecuencia de problemas personales —también fue cuando empecé a escribir, lo que se dice crear—. Y hubiera seguido así de no haberme topado con un tochaco de casi novecientas páginas, de un autor que me sonaba y de, al menos, mi género favorito, en el escaparate de mi librería. Lo observé un momento, entré, le señalé a la dependienta el susodicho y lo compré. Ahí empezó el retorno de la lectura a mi vida. Se puede decir que mi vuelta a las letras de otros, a las tardes enteras con la nariz enterrada entre las páginas y la mente envuelta en magia, fue por culpa de una sola pluma...


¡La de Rothfuss!



Everyone tells a story about themselves inside their own head. Always. All the time. That story makes you what you are. We build ourselves out of that story —Patrick Rothfuss. 

El nombre del viento es de esos libros que, al terminarlos, ya sabes que lo vas a releer una y otra vez. Un imprescindible. Realmente no tenía ni idea de qué me iba a encontrar tras la portada de este libro harto elogiado, incluso tachado de «futuro clásico». Y, desde luego, os puedo confesar una cosa: las leyendas son ciertas. Este libro se ha convertido —para mí— en uno de los imprescindibles, en uno de mis favoritos, y en un clásico para mi estantería. 


Kvothe miró con fijeza a Cronista y luego a Bast; ninguno de los dos pudo sostenerle mucho rato la mirada. Tras una pausa incómoda, Bast ofreció su mano. Cronista vaciló un instante antes de alargar el brazo rápidamente, como si metiera la mano en el fuego. No pasó nada; ambos parecían un tanto sorprendidos.
—Asombroso, ¿verdad? —observó Kvothe con tono mordaz—. Cinco dedos y sangre bajo la piel. Casi se diría que al otro lado de esa mano había una persona.


Esta lectura ha sido tremenda, arrolladora, abismal, difícil, tierna, sorprendente, brillante. No es solo un libro de fantasía épica. Es una historia en honor al arte de contar historias, una historia con millones de historias sumergidas en cada letra, en cada escena, en cada nombre. Con personajes increíbles, como Kvothe —aunque yo siempre lo pronunciaba como «vouz», se pronuncia «kuouz»—, que es héroe y anti-héroe, un pícaro valiente, que es… Es excepcional. Nos enamoramos de su ingenio, de su inteligencia, de su terquedad y su astucia para salir adelante, no importa cuán sepultado esté bajo el barro, él nos da razones por las que debe levantarse, y lo hace, una y otra vez. Es de esos personajes que marcan. En una cultura creada de forma inteligente y bien asentada en la historia de un mundo completamente nuevo y que poco tiene que envidiar a otros que ya conocemos.

Aunque Kvothe no está solo. Ben, su viejo maestro, el que nos ganó el corazón. Denna, una efímera luz vestida de muchacha que vuelve loco a nuestro Reshi,  y con la que —sorprendentemente— me he identificado a la perfección, no en lo bella y fascinante, pero tenemos el mismo concepto de amor, y la misma suerte con los hombres —que vivan las criaturas salvajes—. Ambrose, Simmon, los Edena Ruh... Aunque mis preferidos (después del protagonista, claro) han sido el absurdamente brillante Elodin, y Auri —ésta última, por cierto, ya tiene su propio libro/cuento/historia que publicará Rothfuss próximamente—, la absurdamente especial niña de los  tejados. Todo sea por lo absurdo. 


El bueno de Sim, tan sincero y diplomático. Le costaba mucho hablar mal de los demás; solo hacía insinuaciones. Y hasta eso le costaba.Levantó la cabeza y me miró.
—He hablado con Sovoy. Todavía no se la ha quitado de la cabeza. La amaba de verdad. La trataba como a una princesa. Habría hecho cualquier cosa por ella. Y aún así, ella lo dejó sin darle ninguna explicación.
—Denna es una criatura salvaje —expliqué—. Como una cierva o una tormenta de verano. Si una tormenta derribara tu casa, o derribara un árbol, no dirías que la tormenta es mala. Era cruel. Actuó conforme su naturaleza y, desgraciadamente, produjo daños. Con Denna pasa lo mismo.
»¿Sabes de qué sirve perseguir a una criatura salvaje? De nada. Si persigues a una cierva, solo consigues asustarla. Lo único que puedes hacer es quedarte quieto donde estás, y confiar en que, con el tiempo, la cierva vaya hacia a ti.
Sim asintió, pero vi que no me entendía.


Otro punto importante que he visto poco (al menos, últimamente) en este tipo de historias y que no sé por qué no sale más a menudo: la universidad. Es increíble el concepto de «magia» o «simpatía» que tiene el autor, y cómo lo plasma de una manera tan didáctica y explicada y bff... No sé cómo explicarlo.

Me he emocionado, he sonreído como una tonta y reído como una energúmena, pero sobre todo, he pintado esa sonrisa que tienen las madres, los amigos, los familiares de alguien que, después de haber superado la muerte y miles de obstáculos casi insalvables, se levantan y deciden contar su historia. Me siento como una madre orgullosa de Kvothe, en serio, ha sido como ver crecer a una persona de carne y hueso, en vez de a un personaje literario. Muy pocos pueden transmitir ese crecimiento, esa madurez, esa evolución en sus personajes. Rothfuss lo borda. Y aunque me quedé con ganas de conocer más a Bast y algún otro —je je je—, no tendré que esperar mucho. Porque hay segunda parte… Y tercera, aunque aún no haya salido.


«Viajé,  amé, perdí, confié
y me traicionaron.»


Es un buen tocho, yo, a veces, he tenido pequeñas interrupciones en los capítulos en los que todo parecía estático, como que no pasaba nada, pero MENTIRA, con este libro no vale interrupción alguna, solo tienes que pasar la página y...

¡Me voy a por El temor de un hombre sabio! ¿No es ya genial el título? ¡Me hago fan absoluto!

Seguramente ya todos lo habréis leído, o habréis oído hablar de él. Aun así, os lo recomiendo sobremanera. Os animo a que os dejéis atrapar por él, porque seguramente no podréis desengancharos.

Y para quien no tenga muy claro qué novela es la  que quiere leer, y esté en un apuro o en una crisis, os dejo esta página que me he encontrado por Facebook con la que, solo pinchando en vuestras prioridades, o lo que queréis encontrar en la historia, os hace una búsqueda de la novela que os conviene ( c l i c ) .

¡Besitos!
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